“Si tu quieres, puedes curarme...¡Si quiero: sana!" Mc 1, 40-41

Por: Alejandro Barraza Diócesis de Sacramento, CA

y Revolucion Activa Radio

 

Mi Experiencia: Pregunta para meditar y compartir: ¿Cuando has escuchado la voz de Dios en esta semana?

 

La Voz de Dios: Te invitamos a leer el Evangelio del Sexto Domingo del tiempo Ordinario. El Evangelista Marcos es considerado el primero de los Evangelios que fueron escritos. Marcos está escribiendo para el pueblo Judío y en su forma de presentar a Jesús lo hace haciendo hincapié en que él es el Mesías prometido. Marcos en este primer capítulo no pierde tiempo en presentarnos a un Jesús lleno del poder de Dios que viene a cambiar vidas y cumplir las promesas de Dios. Para él es importante presentar al Mesías como el que vendría a sanar y cambiar el orden religioso-social de la época. San Marcos no pierde tiempo en este primer capítulo; primero nos mostró cómo Jesús era el prometido del que Juan el Bautista había predicado, nos lleva a asegurar que Jesús es alguien en que se puede confiar, vicencio la tentación y es el cumplimiento de las promesas esperadas, Jesús sana a los enfermos y hecha a los demonios.

Hoy nos muestra a Jesús arriesgando su buena reputación. Los leprosos eran considerados, como ya sabemos, las personas más impuras de la sociedad. Tocarlos implicaba que ya uno no podía vivir en la sociedad tampoco.

Mas sin embargo, Jesús no teme perder su buena reputación, al contrario, con este hecho tan significativo Jesús nos muestra lo que es la verdadera solidaridad. Jesús toca al leproso, lo sana y le pide que no se lo cuente a nadie, como para que no se hiciera chisme y que vaya y se presente ante los sacerdotes del templo para que ellos le den el visto bueno y pueda el ex-leproso unirse plenamente a la sociedad.Pero, el curado está tan lleno de agradecimiento que se lo cuenta a todo el mundo. Jesús nos dice el evangelista que se tuvo que quedar en las afueras de las aldea por un tiempo. Su buena acción le trajo, aunque momentáneamente, la necesidad de quedarse lejos de la sociedad. Más aún, sabiendo que esto podía pasar, Jesús no tuvo miedo en cumplir la voluntad de Dios y de ser verídico a su ministerio.